Más que un hotel, es un edén en el corazón del hermoso desierto.
El relajamiento y bienestar son lo cotidiano y sus aguas termales -bajo bóvedas con reminiscencias romanas que recuerdan los antiguos baños imperiales- son el diamante líquido en medio de la roca viva del desierto.
Curiosas, las aves milenarias sobrevuelan el hotel destinado a sus privilegiados visitantes: Cuarenta y cinco habitaciones hermanadas en una estética obra de arquitectura formada por un cuarteto de módulos; poseen un jardín central techado que proporciona una grata sombra en el desierto, todo con un toque interior de ambiente hogareño a la manera norestense.